Agua clara

No es porque lo diga (traducción en los comentarios) un vecino del pueblo de al lado (esto lo he leído al final). Tampoco es porque la Costa Brava y el Cap de Creus tengan algo…, porque todos los lugares lo tienen cuando uno se atreve a mirar. Es porque llevo aquí más de dos años y solo ahora lo empiezo a integrar.

Quizá porque en vez de juzgarme he comenzado a escuchar. Y además de ver, a mirar. No sé si al mudarme a Portbou hice bien o mal. Hice lo que tenía que hacer cuando había que hacerlo y eso es lo que me hace sentir en paz.

Quizá sí deba reconocerme haber sido valiente. Quizá el camino sí ha sido duro. Mucho. Quizá sí ha sido todo una pesadilla de la que he suplicado despertar muchas veces, aun sabiendo que solo yo iba a sacarme del pozo al que decidí saltar. Un pozo, ahora lo entiendo, al que tenía que bajar porque estaba seco y sucio. Un pozo ciego, negro e inmundo en el que había que enmerdarse hasta el cuello para poderlo limpiar.

Quizá por eso sí merezco (sí, merezco) una buena ducha. Abrir por fin los ojos. Viento fresco. Y respirar. Coger aire de verdad. Y disfrutar los primeros sorbitos del agua clara que empieza a brotar.

Quizá ser honesta conmigo fue decisivo para poderme salvar. Porque no serlo durante treinta años me hizo autodestruirme y enfermarme a muerte. Y, para ser consecuente, por el camino me dejé castigar.

Dar un paso al frente por tu felicidad es un acto de amor y respeto a ti mismo y a los demás. Y no hablo de la felicidad endulzada, idealizada e impuesta que se nos casi obliga a conquistar. Me refiero a la felicidad-equilibrio, a la felicidad-coherencia de un organismo con su propia naturaleza en un ambiente propicio para su desarrollo y bienestar. Me refiero a la felicidad-salud, porque son lo mismo. Preservar la salud, física, emocional y mental, es un acto de amor y respeto a la vida, que te quiere en las mejores condiciones para poderse expresar.

Como le dije a una amiga que ahora se asoma al pozo, si yo pude, tú podrás. La clave es sentir lo que duele y atreverse de una vez a mirar. Porque adonde hay que mirar es adentro. Y dejarse señalar: el antídoto está en el veneno.

#vitácora

📸 Carta de Albert Altés Segura (Llançà) en La Vanguardia

Un comentario en “Agua clara”

  1. Amar y compartir

    Yo, que he vivido distintas vidas, ahora que vivo en un lugar de ensueño, siento que amando lo que nos rodea, ya sea la naturaleza, las personas, los pájaros, el mar, los peces o los coches, es suficiente. Si la energía que me da este lugar la puedo compartir, mejor, y, si no, la muerte ya me despertará del sueño actual… Vivir es sencillamente eso: sentir lo que vives, y, si no es así, hay que cambiar de lugar y buscar nuevas energías. ¡Siempre siento que al empezar el año nuevo mis energías siguen igual porque continúo viviendo en el mismo lugar! Las promesas futuras, si queréis, están muy bien, pero tenemos que ser realistas. Estamos donde estamos porque ya nos parece bien. No hace falta esperar soluciones fantásticas cuando casi todo depende de uno mismo. ¡Y las personas que ya están contigo seguro que quieren que te espabiles! Tú, en su lugar, pensarías igual. Solo hay que dar el primer paso, que es todo tuyo. El resto va llegando solo.

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