Amigos peregrinos

El Camino nunca te regala nada que no seas tú mismo.


Hace dos años cruzaba los Monegros en mi Camino Inverso. Como un jersey viejo, mucho de mí se deshilachaba a cada paso desde hacía ya tiempo. Y mientras me deshacía, curiosamente, con el mismo hilo me tejía de nuevo.

Dejaba muchas cosas atrás. En mi playa del fin del mundo las anoté y se las entregué al mar. Y allí me dejé, a merced de las olas. Necesitaba despedirme de tantas cosas que debía enterrarlas antes de echar a andar.

Del Camino nunca se vuelve igual: se viene siendo como mínimo un poco más. De lo contrario, no lo has recorrido. Lo de menos es la credencial: los verdaderos sellos son los peregrinos.

¿Qué tiene el Camino que nos hace temblar? ¿Qué es eso que une a dos peregrinos y no se puede explicar? No sé si hay respuesta. Pero diría que el Camino es el lugar donde las almas se encuentran: a sí mismas y a las que esperan.

No es el Camino de Santiago, ni el de Roma, ni ningún sendero de tierra. Tampoco lo alberga ninguna iglesia. Lo llevamos dentro, deseando salir. Y cuando nos rendimos y lo permitimos, nos damos cuenta de lo que es vivir.

El Camino me ha brindado motivos para levantarme, para salir adelante y para ser feliz. Aunque diría que no me ha dado nada que no estuviera ya en mí. Solo me lo recordó cuando yo olvidaba. Recordarse es tan necesario que no hacerlo mata.

Mis amigos peregrinos me recuerdan de corazón el sentido de cada huella: la que ellos dejan en mí y la que yo dejo en ellos. Es la única manera bonita que conozco de pisar a otro. Sois unos cuantos, y sois un REGALO todos.

Ultreya.

#gracias💛 #esgritos