La voz

Lo reconozco: aún te siento. A veces. Las menos, pero son. Como una arruga persistente en el tejido del corazón.

No hace mucho se me ocurrió un truco: por cambiar, probé a escucharte. Nunca lo había logrado. Me faltaba tiempo para juzgarte. Por inercia, como tú haces. Pues esta vez no. Y aprendí algo muy importante: la mejor manera de acallar una voz de mierda es dejarla expresarse. Sin argumentos. Para que caigan por su propio peso.

«¿Qué más?», respondí a cada hachazo. Tú pensabas que me astillabas; yo sabía que estaba brotando. A cada golpe, yo me abría paso. Talaste el tronco, pero no el árbol. Eres como una arruga por viejo, pero ser viejo no te hace sabio.

Sabiduría es sentir que formas parte de mí e integrarlo. Convivir. Frente al terreno estéril, renacer al lado. Del tronco cortado. Y seguir creciendo más allá de mi cuerpo. Observándote sin temerte. Llevándote yo de la mano. Aceptando que me acompañas. Y que me has hecho muchísimo daño. Pero ya no me arrastras. Ni yo tiro de ti. Eres la sombra que camina a mi paso. Yo decido cuál es. Tú vienes después. En adelante es así.

Ya no hay abismos, ni agujeros, ni barrancos. Me asomé al peligro lo necesario para apreciar el sentirme a salvo. He apagado todos los fuegos. He acallado gran parte del ruido. Me he entregado al caos ordenado. Aún huele a quemado; hay interferencias; tengo sobresaltos. Pero la vida sigue de cualquier forma posible, y aún me quiere aquí. Así. Remendada y vuelta del revés como un calcetín desparejado; viviendo según aprendo y como nunca me enseñaron. Libre. Salvaje. Feliz.

De nada me alegro tanto como de haber saltado de aquel tren en marcha, con todos los apesardes. Entonces no lo sabía, pero sentía que necesitaba encontrarte, ponerte límites, afirmarme. He hecho lo más difícil: sobrevivirme. Ahora voy a regalarme.

#esgritos

«3 caminos»: crítica de una joven peregrina

Los pringados de la generación perdida estamos salvados, pues parece que gracias a la serie 3 caminos vamos a poder encontrarnos. La producción de Ficción Producciones y Beta Films, subvencionada por la Xunta de Galicia y el Xacobeo y con la colaboración de otras administraciones, nos pone en bandeja la santa indulgencia invitándonos a peregrinar en plan cool: arregladísimos y en albergues monísimos. Sin deshacer apenas la mochila y sin sudar la camiseta. Todo estupendísimo.

Ante el descarado objetivo de captar jóvenes peregrinos utilizando el Camino como telón de fondo sin espíritu alguno ni la mínima inspiración, una servidora (joven y peregrina) solo puede plantarse y escribir bien alto: POR AQUÍ NO.

Pero este escrito no es para los productores. Es una advertencia para los potenciales peregrinos (¿o hablamos de consumidores?), especialmente los jóvenes, que vean 3 caminos y se planteen echar a andar. ATENCIÓN, SPOILER: la serie no solo es mala, sino que es un cúmulo de despropósitos. El Camino no se la merece, ni vosotros que os traten de imbéciles.

👉🏼 El artículo completo, en Gronze.com (aquí).

Ser valiente

Dicen que ser valiente no es no tener miedo, sino tenerlo y hacerlo igualmente.

Ser valiente es abrir los ojos y mirar de frente. Mirarse. Y querer verse.

Ser valiente no es de superhéroes. Ni de personas fuertes.

Ser valiente es asumir tu poder y decidir. Es ser responsable. Es dejar de esperar que las cosas pasen.

Es entender tantas otras como lo que son: rituales de iniciación. Los Reyes Magos, la religión. El Camino de Santiago. El amor.

Es comprender que los valores que hoy nos mueven han desvirtuado esos rituales sagrados. Nos hemos perdido en la forma; peligra el significado.

Depositamos la fe en algo externo, en una experiencia, en un contexto… que en realidad señala hacia dentro. Hacia todos nuestros estados internos, especialmente los que nos gustan menos.

Aprendemos que merecemos o no merecemos, que si no nos perdonan vamos al infierno, que para ser feliz hay que esforzarse y sufrir. Hasta que duele tanto que ves que no puede ser por ahí.

Ser valiente es desaprender todo lo que esperabas de ti. Es dejar de esperar de la vida, del trabajo, de los amigos, del ser amado. Es darte cuenta de que nada te será dado porque ya lo tienes aquí.

Ser valiente da miedo porque no estamos acostumbrados. Porque aún no hemos entendido que somos todo lo que necesitamos.

El Camino, los Reyes Magos… son primeros pasos. Te recuerdan algo: existe una cosa llamada magia que da resultado.

Ser valiente es no quedarse ahí. Es comprender que confiar en la vida, en la magia, es confiar en ti. En que eres capaz de procurarte lo que haga falta para satisfacer tus necesidades. Y en que aprenderás lo que necesitas si todavía no sabes.

El mejor regalo que te harás jamás se llama amor propio y está en tus manos. Ser valiente es querer cultivarlo.

#esgritos

«Los sueños se cumplen y de eso se encargan ̶P̶a̶p̶á̶ ̶N̶o̶e̶l̶ ̶y̶ ̶l̶o̶s̶ ̶R̶e̶y̶e̶s̶ ̶M̶a̶g̶o̶s̶ las personas valientes».

El viaje

Es como un calambrazo:

Ya está.

Ya pasó.

Me he visto.

Por ahí pasé yo.

Como un rayo, la realidad te sacude de vez en cuando y te deja clavado en algún rincón.

Es una sensación y no entiende de metas, de lugares ni de calendarios. No responde a los fines de año. Los ciclos auténticos se viven dentro y tienen sus propios tiempos. Somos su resultado.

Cuando empezó la pandemia lo sentí tan claro… Un año antes, ya lo entendí. No fue coronavirus, pero me tocó a mí. No importa cómo se llame: es el camino de vuelta a ti cuando te diriges a ninguna parte. La tragedia ha venido a invitarte: a recordar lo verdaderamente importante, a tomar perspectiva, a volver a centrarte. Es tu viaje. ¿Adónde quieres ir?

Yo decidí seguir adelante, hacia dentro, habitarme. Explorar ese lugar del que llevaba toda la vida escapándome. Si tenía que reconstruirme entera, solo podía empezar por ahí. Un año después, como es dentro es fuera porque por fin comprendí que no hay otra manera.

De ahí la certeza. De que vivimos lo que necesitamos para evolucionar. Y de que cuanto más duele más hay por sanar. Si nos escuchamos, lo haremos. Si nos escuchamos bien, sufriremos menos. Algo me dice que vamos bien. Estamos aprendiendo.

* * *

Querido 2020: tú y yo sabíamos que lo íbamos a conseguir. Por eso aposté fuerte. Por fin estoy aquí.

#felizvidaatodos❤ #esgritos

Muerte y vida

Cuando le conté que tenía cáncer «pero no me iba a morir», un amigo me preguntó: «Y si te dijeran que es terminal, ¿qué querrías hacer con tu vida?». (Las conversaciones más interesantes están hechas de preguntas que aún no pueden ser respondidas). En ese momento, hace más de año y medio, no supe qué responder. Pero desde luego sentía que había cosas que querría hacer.

Desde entonces no solo he entendido, sino que he hecho mías, muchísimas otras: que si no hay fuego, no corro; que en mi vida no hay más estrés; que ciertas cosas ya no tienen cabida y que lo primero soy yo, y el que mejor lo sabe es mi cuerpo. Pero sobre todo he aprendido que necesito hacer lo que siento. No pienso volver a romperme por dentro.

Cuando hago lo que siento, dejo de tener miedo a no estar viviendo la vida que quiero. Porque la vida que quiero es ahora, no la que será «cuando tal» o la que ya fue. Y eso me hace sentir libre y en paz: me vaya cuando me vaya (¿adónde «iremos»?), habré vivido según he sentido. Que será lo mejor que haya podido ser. Nada habré perdido.

Había olvidado, también, que la muerte es vida. Todo es un ciclo. No hay disyuntiva. No es cuestión de vida o muerte: vida y muerte van unidas.

Acercarme a la muerte me hace estar más presente. Es una excelente unidad de medida: ¿cómo me siento respecto a mi vida? ¿Estoy siendo coherente?

Acercarme a la muerte es un regalo de vida: me hace consciente. Y hoy sé que he cerrado muchísimas heridas. Contra todo pronóstico, estoy más entera que nunca. Soy feliz, sin adverbios. Me tengo a mí misma.

#lastround💪 #esgritos

Futuros peregrinos: libros del Camino de Santiago para niños

Queridos Reyes Magos: este año queremos descubrir el Camino de Santiago. Y aunque parezca raro, no os vamos a pedir juguetes: hemos encontrado unos libros que os encantará regalarnos. La verdad es que tienen tan buena pinta… ¡que igual hasta querréis quedároslos!

👉🏼 El artículo completo, en Gronze.com (aquí).

Amigos peregrinos

El Camino nunca te regala nada que no seas tú mismo.


Hace dos años cruzaba los Monegros en mi Camino Inverso. Como un jersey viejo, mucho de mí se deshilachaba a cada paso desde hacía ya tiempo. Y mientras me deshacía, curiosamente, con el mismo hilo me tejía de nuevo.

Dejaba muchas cosas atrás. En mi playa del fin del mundo las anoté y se las entregué al mar. Y allí me dejé, a merced de las olas. Necesitaba despedirme de tantas cosas que debía enterrarlas antes de echar a andar.

Del Camino nunca se vuelve igual: se viene siendo como mínimo un poco más. De lo contrario, no lo has recorrido. Lo de menos es la credencial: los verdaderos sellos son los peregrinos.

¿Qué tiene el Camino que nos hace temblar? ¿Qué es eso que une a dos peregrinos y no se puede explicar? No sé si hay respuesta. Pero diría que el Camino es el lugar donde las almas se encuentran: a sí mismas y a las que esperan.

No es el Camino de Santiago, ni el de Roma, ni ningún sendero de tierra. Tampoco lo alberga ninguna iglesia. Lo llevamos dentro, deseando salir. Y cuando nos rendimos y lo permitimos, nos damos cuenta de lo que es vivir.

El Camino me ha brindado motivos para levantarme, para salir adelante y para ser feliz. Aunque diría que no me ha dado nada que no estuviera ya en mí. Solo me lo recordó cuando yo olvidaba. Recordarse es tan necesario que no hacerlo mata.

Mis amigos peregrinos me recuerdan de corazón el sentido de cada huella: la que ellos dejan en mí y la que yo dejo en ellos. Es la única manera bonita que conozco de pisar a otro. Sois unos cuantos, y sois un REGALO todos.

Ultreya.

#gracias💛 #esgritos

7 pecados de peregrino novato (que no impiden ir a Santiago)

La aventura de «lanzarse» al Camino empieza mucho antes de dar el primer paso. Cuando oímos hablar de él, nos decidimos y nos preparamos, también lo estamos haciendo; ya lo hemos comenzado. A posteriori aprendemos que esa «etapa» inicial es, quizá, la más difícil, porque nos enfrentamos a los mayores obstáculos: los de nuestros esquemas mentales. Si no los vencemos, no solo no andamos: tampoco somos libres. Estamos condicionados.

Acuciados por el miedo inherente a la incertidumbre, nos aferramos: a las ideas preconcebidas de lo que debe hacer un peregrino y de cómo tiene que recorrerse el Camino. Y nos olvidamos: de nosotros mismos, del yo instintivo, del motivo inconsciente que nos impulsa a irnos. «Vete, vete, vete…»: sabes que quieres irte, lo necesitas y algo te lo dice, pero tu mente es más lista (la retahíla de «Es que…» puede ser infinita) y a veces gana la partida. La buena noticia es que lista no es sinónimo de inteligente. Decidir es más fácil cuando uno es consciente.

👉🏼 El artículo completo, en Gronze.com (aquí).

No sé si me lo merezco

A menudo me dicen, porque he pasado por un cáncer, que me merezco estar bien. Que me lo he ganado. Que tengo que disfrutar de la vida y de las decisiones que he tomado. Y no me gusta oírlo porque siento que tiene trampa: ¿y tú qué?

¿De verdad creemos que tenemos que sufrir para merecer algo bueno? ¿Hay que esperar a «ganarse» la paz con uno mismo para decidir «vivir bien»? Rotundamente no. ¡Es al revés…!

Entiendo que me lo digan con todo el cariño, pero yo lo devuelvo con más amor todavía. Repito: ¿y tú qué?

¿No te mereces sentirte mejor sin ningún motivo, por el mero hecho de sentirte bien? ¿Crees que alguien o algo va a saber mejor que tú lo que necesitas y cuándo? ¿Cuál es tu criterio para «merecerlo»? ¿Te concederás algún día el honor de alcanzarlo?

Como buena aprendiz de humana, he lamentado MIL veces no haberme dicho esto antes. Paradójicamente, no hace mucho entendí que para liberarme (en parte) del sufrimiento debía pasar por él. Eckart Tolle, de nuevo, lo resume como un maestro: «El sufrimiento es necesario hasta que entiendes que no lo es».

No sé si merezco algo, ni bueno ni malo: ¿quién se supone que puede juzgarlo? Lo que quiero es estar como yo he decidido. Qué duda cabe de que voy a lograrlo. Y si yo puedo, cualquiera puede.

#esgritos