Bitácora

Ser valiente

Dicen que ser valiente no es no tener miedo, sino tenerlo y hacerlo igualmente.

Ser valiente es abrir los ojos y mirar de frente. Mirarse. Y querer verse.

Ser valiente no es de superhéroes. Ni de personas fuertes.

Ser valiente es asumir tu poder y decidir. Es ser responsable. Es dejar de esperar que las cosas pasen.

Es entender tantas otras como lo que son: rituales de iniciación. Los Reyes Magos, la religión. El Camino de Santiago. El amor.

Es comprender que los valores que hoy nos mueven han desvirtuado esos rituales sagrados. Nos hemos perdido en la forma; peligra el significado.

Depositamos la fe en algo externo, en una experiencia, en un contexto… que en realidad señala hacia dentro. Hacia todos nuestros estados internos, especialmente los que nos gustan menos.

Aprendemos que merecemos o no merecemos, que si no nos perdonan vamos al infierno, que para ser feliz hay que esforzarse y sufrir. Hasta que duele tanto que ves que no puede ser por ahí.

Ser valiente es desaprender todo lo que esperabas de ti. Es dejar de esperar de la vida, del trabajo, de los amigos, del ser amado. Es darte cuenta de que nada te será dado porque ya lo tienes aquí.

Ser valiente da miedo porque no estamos acostumbrados. Porque aún no hemos entendido que somos todo lo que necesitamos.

El Camino, los Reyes Magos… son primeros pasos. Te recuerdan algo: existe una cosa llamada magia que da resultado.

Ser valiente es no quedarse ahí. Es comprender que confiar en la vida, en la magia, es confiar en ti. En que eres capaz de procurarte lo que haga falta para satisfacer tus necesidades. Y en que aprenderás lo que necesitas si todavía no sabes.

El mejor regalo que te harás jamás se llama amor propio y está en tus manos. Ser valiente es querer cultivarlo.

#esgritos

«Los sueños se cumplen y de eso se encargan ̶P̶a̶p̶á̶ ̶N̶o̶e̶l̶ ̶y̶ ̶l̶o̶s̶ ̶R̶e̶y̶e̶s̶ ̶M̶a̶g̶o̶s̶ las personas valientes».

El viaje

Es como un calambrazo:

Ya está.

Ya pasó.

Me he visto.

Por ahí pasé yo.

Como un rayo, la realidad te sacude de vez en cuando y te deja clavado en algún rincón.

Es una sensación y no entiende de metas, de lugares ni de calendarios. No responde a los fines de año. Los ciclos auténticos se viven dentro y tienen sus propios tiempos. Somos su resultado.

Cuando empezó la pandemia lo sentí tan claro… Un año antes, ya lo entendí. No fue coronavirus, pero me tocó a mí. No importa cómo se llame: es el camino de vuelta a ti cuando te diriges a ninguna parte. La tragedia ha venido a invitarte: a recordar lo verdaderamente importante, a tomar perspectiva, a volver a centrarte. Es tu viaje. ¿Adónde quieres ir?

Yo decidí seguir adelante, hacia dentro, habitarme. Explorar ese lugar del que llevaba toda la vida escapándome. Si tenía que reconstruirme entera, solo podía empezar por ahí. Un año después, como es dentro es fuera porque por fin comprendí que no hay otra manera.

De ahí la certeza. De que vivimos lo que necesitamos para evolucionar. Y de que cuanto más duele más hay por sanar. Si nos escuchamos, lo haremos. Si nos escuchamos bien, sufriremos menos. Algo me dice que vamos bien. Estamos aprendiendo.

* * *

Querido 2020: tú y yo sabíamos que lo íbamos a conseguir. Por eso aposté fuerte. Por fin estoy aquí.

#felizvidaatodos❤ #esgritos

Muerte y vida

Cuando le conté que tenía cáncer «pero no me iba a morir», un amigo me preguntó: «Y si te dijeran que es terminal, ¿qué querrías hacer con tu vida?». (Las conversaciones más interesantes están hechas de preguntas que aún no pueden ser respondidas). En ese momento, hace más de año y medio, no supe qué responder. Pero desde luego sentía que había cosas que querría hacer.

Desde entonces no solo he entendido, sino que he hecho mías, muchísimas otras: que si no hay fuego, no corro; que en mi vida no hay más estrés; que ciertas cosas ya no tienen cabida y que lo primero soy yo, y el que mejor lo sabe es mi cuerpo. Pero sobre todo he aprendido que necesito hacer lo que siento. No pienso volver a romperme por dentro.

Cuando hago lo que siento, dejo de tener miedo a no estar viviendo la vida que quiero. Porque la vida que quiero es ahora, no la que será «cuando tal» o la que ya fue. Y eso me hace sentir libre y en paz: me vaya cuando me vaya (¿adónde «iremos»?), habré vivido según he sentido. Que será lo mejor que haya podido ser. Nada habré perdido.

Había olvidado, también, que la muerte es vida. Todo es un ciclo. No hay disyuntiva. No es cuestión de vida o muerte: vida y muerte van unidas.

Acercarme a la muerte me hace estar más presente. Es una excelente unidad de medida: ¿cómo me siento respecto a mi vida? ¿Estoy siendo coherente?

Acercarme a la muerte es un regalo de vida: me hace consciente. Y hoy sé que he cerrado muchísimas heridas. Contra todo pronóstico, estoy más entera que nunca. Soy feliz, sin adverbios. Me tengo a mí misma.

#lastround💪 #esgritos

Amigos peregrinos

El Camino nunca te regala nada que no seas tú mismo.


Hace dos años cruzaba los Monegros en mi Camino Inverso. Como un jersey viejo, mucho de mí se deshilachaba a cada paso desde hacía ya tiempo. Y mientras me deshacía, curiosamente, con el mismo hilo me tejía de nuevo.

Dejaba muchas cosas atrás. En mi playa del fin del mundo las anoté y se las entregué al mar. Y allí me dejé, a merced de las olas. Necesitaba despedirme de tantas cosas que debía enterrarlas antes de echar a andar.

Del Camino nunca se vuelve igual: se viene siendo como mínimo un poco más. De lo contrario, no lo has recorrido. Lo de menos es la credencial: los verdaderos sellos son los peregrinos.

¿Qué tiene el Camino que nos hace temblar? ¿Qué es eso que une a dos peregrinos y no se puede explicar? No sé si hay respuesta. Pero diría que el Camino es el lugar donde las almas se encuentran: a sí mismas y a las que esperan.

No es el Camino de Santiago, ni el de Roma, ni ningún sendero de tierra. Tampoco lo alberga ninguna iglesia. Lo llevamos dentro, deseando salir. Y cuando nos rendimos y lo permitimos, nos damos cuenta de lo que es vivir.

El Camino me ha brindado motivos para levantarme, para salir adelante y para ser feliz. Aunque diría que no me ha dado nada que no estuviera ya en mí. Solo me lo recordó cuando yo olvidaba. Recordarse es tan necesario que no hacerlo mata.

Mis amigos peregrinos me recuerdan de corazón el sentido de cada huella: la que ellos dejan en mí y la que yo dejo en ellos. Es la única manera bonita que conozco de pisar a otro. Sois unos cuantos, y sois un REGALO todos.

Ultreya.

#gracias💛 #esgritos

No sé si me lo merezco

A menudo me dicen, porque he pasado por un cáncer, que me merezco estar bien. Que me lo he ganado. Que tengo que disfrutar de la vida y de las decisiones que he tomado. Y no me gusta oírlo porque siento que tiene trampa: ¿y tú qué?

¿De verdad creemos que tenemos que sufrir para merecer algo bueno? ¿Hay que esperar a «ganarse» la paz con uno mismo para decidir «vivir bien»? Rotundamente no. ¡Es al revés…!

Entiendo que me lo digan con todo el cariño, pero yo lo devuelvo con más amor todavía. Repito: ¿y tú qué?

¿No te mereces sentirte mejor sin ningún motivo, por el mero hecho de sentirte bien? ¿Crees que alguien o algo va a saber mejor que tú lo que necesitas y cuándo? ¿Cuál es tu criterio para «merecerlo»? ¿Te concederás algún día el honor de alcanzarlo?

Como buena aprendiz de humana, he lamentado MIL veces no haberme dicho esto antes. Paradójicamente, no hace mucho entendí que para liberarme (en parte) del sufrimiento debía pasar por él. Eckart Tolle, de nuevo, lo resume como un maestro: «El sufrimiento es necesario hasta que entiendes que no lo es».

No sé si merezco algo, ni bueno ni malo: ¿quién se supone que puede juzgarlo? Lo que quiero es estar como yo he decidido. Qué duda cabe de que voy a lograrlo. Y si yo puedo, cualquiera puede.

#esgritos

No es un lujo:

Respirar aire limpio.
Vivir junto al mar.
Tumbarte al sol en la playa después de comer con las olas. Como algo habitual.
Elegir cuándo y cómo trabajas.
Rodearte de calma.
Escuchar el silencio.
Dedicarte tiempo.
Hacer lo que te gusta.
Cumplir tus sueños.
Entender que vivir «con menos» es vivir MÁS.
Tomar decisiones que te beneficien. Que te hagan sentir bien. Llevarlas a cabo.
Vivir en paz.

Nada de esto es un lujo. Es una necesidad. Sea cual sea tu paz, ya huela a mar o a montaña, a pueblo o a ciudad, a soledad o a compañía: elígela.

#liverdad #esgritos

Siempre

Una de las cosas más fascinantes de tomar decisiones «insólitas» son las ondas expansivas de la colisión. Con los esquemas mentales propios, primero, pero especialmente con los de las personas a tu alrededor.

Que me haya mudado «al culo del mundo» (según lo ven algunos; ni de lejos para mí…) despierta dudas existenciales diversas entre quienes me rodean. Y aunque cuesta no tomárselo a la tremenda porque tú también tienes tus dudas, por supuesto, algo en ti lo tiene tan claro que solo lo puedes saborear. Así que observo, escucho y me río (mucho) de las preguntas que suelen hacerme, que coinciden, generalmente. No es una risa burlona: es de una ternura bestial.

✔ Sí, sé adónde me voy.

❌ No, no es por trabajo.

✔ Sí, es por amor. A mí misma.

❌ No, no me da miedo irme sola.

❌ No, no me voy a aburrir.

🤔 Puede pasarme cualquier cosa esté aquí o en Barcelona. No por ello voy a dejar de vivir. 😉

🦄 No, diría que la tramontana no puede volverme más loca.

🙃 No sé si echaré en falta cosas; me puede todo lo que tengo por descubrir.

Solo hay una pregunta, una, que me descoloca. Y no porque no tenga respuesta, sino porque ya no la puedo entender.

«¿Y te vas para siempre?».

Hace tiempo que mi relación con el «siempre» ha cambiado profundamente. Pero el cáncer le ha dado la vuelta de tuerca final.

No lo concibo. Ya no concibo el «siempre». Soy incapaz.

Quizá porque he visto tan de cerca la muerte que todo me parece efímero, y he vivido tantos cambios (no solo por la enfermedad) que pensarme mucho más allá del presente me parece ridículo. Hago planes, tengo proyectos, pero vivo casi al día. Y me dejo llevar, porque hoy estoy aquí y mañana, quién sabe.

Quizá ya no concibo el «siempre» porque me reconcilié con la muerte, y no necesito un lugar al que anclarme para poder escapar. Quizá con el «siempre» buscamos eso: la eternidad. Como dice Eckart Tolle, «siempre es ahora». La eternidad es presente. Si quieres vivir eternamente, vive hoy. Es todo lo que la vida puede ofrecerte.

#esgritos

Veranos

El primero fue un salto al vacío.
El segundo, un descalabro.
El tercero, un acto de fe.
El cuarto ha sido un milagro.

Me faltaban cuatro veranos. Por fin puedo irme a casa. El viaje ha sido muy largo.

📸 Agosto 2017.

#esgritos

Emprender no nos hará libres

Emprender no nos hará libres. Lo que nos hará libres será elegir. No las cosas que pasan, sino cómo queremos vivir.

Uno puede
ser autónomo,
ser empleado,
trabajar mucho,
trabajar poco,
no trabajar,
vivir en el campo o en la ciudad,
casarse o no casarse,
formar familia o ser su familia,
alquilar o hipotecarse,
vivir a débito o a crédito,
ser ambicioso o conformarse.
Y haga lo que haga, puede ser libre si eso es lo que elige. Si no se limita a resignarse. Y si tiene un motivo para levantarse.

Cuando eliges eres libre porque deshaces tus ataduras mentales. Ya no hay peros; hay motivos. Dejas de ser víctima de tus responsabilidades.

Y a elegir bien, ¿cómo se aprende? Siempre escuchándote. ¿Qué te pides?

#liverdad #esgritos

Gris

Hoy te he vuelto a ver y ya no quemas. Solo me das pena. Hasta te he cogido con cariño y te he tirado a la basura. Antes de que te pudrieras. ¿Y sabes qué? Resulta que eres reciclable. De hecho, estoy reconvirtiendo todo lo pérfido que hay en ti y es extraordinario. El resto va al gris, que es del mismo color que lo poco que queda de ti. Un gris claro u oscuro a ratos, según la luz, el ángulo de visión y cómo me levanto. Pero gris. La mezcla del negro y el blanco en su punto de equilibrio exacto. Insulso, neutro, mortecino y apagado. Gris ceniza, gris cielo, gris piedra, gris acera. Gris tristeza, gris lluvia, gris llanto. Gris ciudad, gris carretera, gris asfalto. Gris asfixia, gris olvido, gris maltrato. Gris de mierda, muerte en vida; gris y punto, al fin y al cabo. Nada que ver con el gris de la perla que llevo puliendo todos estos años. Una magia inalcanzable para un mago frustrado.

#ahítequedas #yomelargo

#esgritos