Bitácora

Te recuerdo así

Te recuerdo así.

Árido. Abrupto.

Seco. Sin escrúpulos.

Directo. A lo tuyo.

Levantando polvo. Ensuciando el mundo.

Invitando a un rumbo que ni tú sabías seguir.

Despistando. Jugando. A adivinar el sentido. A las contraindicaciones. A los tiempos muertos. Perdidos.

Te recuerdo como si fuera ayer. Como lo que un día fui.

Un camino al abismo.

Una cuesta infinita.

Una caída libre.

Un directo sin guantes.

Un duelo por mí.

Te recuerdo y me sale odiarte. Gritarte que no me llevaste a ninguna parte. O a ningún lugar al que quisiera ir.

Te maldigo y me odio. Por haberme resistido a amarte. Por no entender que tenía que pasarte. Que tenía que pasar por ti.

Para sentir. Para entender. Para vivir.

Para morir y renacer luego.

Para aprender a agradecer que sigo aquí.



Te recuerdo y ya no quiero soltarte. No puedo. Porque formas parte de mí.

Sin ti no sería hoy así. Por difícil que hayas sido. Por lo duro. Por lo temido.

Precisamente por eso te doy las gracias. Porque gracias a ti, hoy camino conmigo. Y camino por ti.

#esgritos

Cómo decírtelo

Cómo decírtelo con palabras tan gastadas:

«Por favor».
«Quédate».
«Te quiero».
«Gracias».

No es justo. No bastan.

Si pudieras responderme, me dirías: «No hace falta». Y tendrías razón.

Tanta como cuando me dijiste: «Se acabó». Sin rencor; sin odio. Con todo ese amor que no sé de dónde sacas.

No sé quién sintió más dolor, si tú o yo. Por suerte, no nos enteramos.

Me dijeron que te sacaron. Que ya no ibas a volver.

Lo sé: fui yo quien lo consintió.

Lo siento: no supe defenderte.

Me odio: te ataqué yo.

Aun así, solo supiste quererme. Darlo todo. Cuando ya no había opción.

Al final tuviste que irte. Pero antes hicimos las paces.

«Ríndeme homenaje», me imploraste.

«Dime cómo», rogué yo.

«Por todo el que ya nunca daremos juntos…, sé amor».



Cómo contarte que nunca he dado tanta vida. Aunque ya no lo pueda sentir.

Cómo explicarte que sigues conmigo aunque ya no estés en mí.

Cómo decirte que si hoy todo tiene sentido es por y para ti.

Por eso camino conmigo. Para contártelo.

Por los que ya no podrán ni pudieron. Cada vez que uno se va, algo de mí va detrás.

Por los que saben de lo que hablo. Porque sin ellos no lo habría logrado.

Para cumplir lo que te prometí. El día que me pregunten cómo, solo daré una pista:

«Camina contigo. ¡Haz el click!».

#esgritos #GRACIAS

La fuente

Hay un vacío que nunca se llena.

No puede señalarse. Pero se siente. En el pecho. En la garganta.

Es el vacío de lo que nunca sentiste porque no se te dio. El de lo que reprimiste porque cuando lo diste no se aceptó.

Es un vacío que te absorbe el alma. Como un agujero negro que nunca se sacia.

Luego hay otro vacío. Está en las entrañas.

Ese puede señalarse. Pero no todos lo sienten. Es una herida abierta, y no sabes cómo cerrarla.

Hay vacíos que nunca se llenan, y menos aún a la fuerza.

Hay vacíos que son ausencias. De ti mismo. De tu esencia.

Hay un vacío, uno, que en realidad está lleno. De abundancia. De presencia.

Lo sientes vacío porque se llena al dar. Cuanto más das, más eres. Cuanto más eres, más tienes por dar.

Hay un vacío que solo sientes cuando no estás contigo. Cuando caminas solo. Cuando te das por perdido.

Y luego hay una fuente.

Hay una fuente de amor inagotable que te brota de dentro. Y te ayuda a encontrarte.

Cuando bebes de ella, lo sientes todo:

Lo que te negaron.
Lo que te negaste.
Lo que te hicieron creer que no merecías.
Todas las veces que te castigaste.

Es la fuente que sacia todas las sedes. Es la fuente de los amaneceres.

Por beber de ella, te vas al fin del mundo. Una vez. Dos veces. Del derecho y del revés. Y bebes.

Bebes hasta emborracharte. De océano en la playa. De felicidad en tus lágrimas.

Entonces solo quieres beber. Beberte sin esperar a tener sed. Acudir a la fuente una y otra vez.

Y te prometes beber y ofrecer lo que en realidad eres, y lo que mereces: autenticidad, integridad. Ser.

Hay un vacío que se desvanece cuando lo reconoces. Cuando lo aceptas. Cuando lo integras.

Hay un vacío que nunca se llena porque no existe. Como un fantasma, solo está en tu cabeza.

#esgritos

Un día

Un día llegas. Sin que lo decidieras. Aunque nadie haya ido a buscarte. Y te quedas.

Ríes, lloras, descubres, exploras, creas. Sientes. Aprendes a comunicarte. Creces.

Un día ya andas. Al otro, vas en bicicleta. Te sacas el carné. Te vas a vivir fuera.

Un día te das cuenta de que eres una farsa. De que ya no te cuelas. De que no te recuerdas. De que te haces mucha falta.

Un día decides. Que ya basta. Te pesa la vida. ¿Para qué te engañas?

Un día te plantas. Te rindes. Te lanzas. Al otro, lo asumes: sin ti no hay nada.

Un día te pierdes. Te hundes. Te largas.

Una noche, te matas.

Escarbas, escarbas, escarbas. Cavas tu propia tumba. Te tiras dentro. Casi no respiras. Te asfixias. Hasta que un día… te salvas.

Al otro, escupes. La tierra, el vacío, la nada. Toda la mierda que llevas dentro. Esa que nunca sacas.

Un día enfermas tanto que casi no lo cuentas. Entiendes que tu cuerpo te habla. Que te está gritando. Y lo haces a la fuerza, pero paras.

Un día descubres que las heridas más graves no dejan cicatriz. Pero te marcan el alma. Al otro te das cuenta de que no eres culpable de nada.

Un día firmas una despedida para seguir viva. Y no sabes cómo, pero te das a luz.

Un día te amas.

Un día, de repente, llegas por enésima vez a Santiago sin moverte de esa cama. Otro, al bañarte en la playa. Otro, al desinfectarte las heridas. Otro, al sentirte AGRADECIDA.

Un día, todo cobra el sentido que parecía perdido.

Un día, tu mundo encaja. Porque nunca hubo piezas. Porque nunca fue un puzle. Porque donde veías un rompecabezas solo había un mapa.

Un día comprendes con el corazón que ser feliz no es una opción: es lo que te llama.

Un día respondes a esa llamada.

Un día dices sí y sucede la magia. Al otro, un clic te cambia la vida. El Camino sigue dándote lo que necesitas. Y no lo cambias por nada.

Un día no hay más días. Un día es el día. Y ese día siempre es hoy.

Ese día te dices: «Bienvenida».

Eres tú. Te esperabas.

#GRACIAS

#esgritos

Suerte

¿Sabes cuando sientes la suerte que tienes de vivir algo que casi te pierdes?

Pues imagínate que casi te mueres. Porque cada segundo es así.

La vida es un regalo. Elígete a ti.

#esgritos

Hay un amigo en mí

Ni has hecho nada mal.
Ni estás huyendo todo el tiempo.
Ni tienes la culpa de nada.
Ni estás desesperada.
Ni eres la reina del drama.
Ni la reina del postureo.
Ni mierdas de esas que a veces te cuentas.

Ya basta.

Hay un amigo en ti. Del enemigo ya no queda nada.
Solo recuerdos. Fantasmas. Que de vez en cuando asoman y te recuerdan lo que un día casi te mata. Ni siquiera te mataste tú. Dejaste que te mataran. Y luego te recompusiste. Desde entonces, siempre pasan cosas Y NUNCA PASA NADA.

A ti, que probablemente sigues leyéndome, porque te conozco: te odio por cómo me hiciste sentir, por quien fui contigo, o peor aún, por quien dejé de ser para mí. Sí, te guardo rencor. Es lo único en lo que te doy la razón. Pero sé que algún día, pronto, te abrazaré virtualmente y me despediré de ti para siempre. Si queda una sola célula maligna en mi cuerpo, estoy segura de que lleva tu nombre. Pero ya no se reproducirá. Lo sé tan bien como supe que saldría de esta. Porque lo decidí. Porque, me guste o no, soy pura fuerza. Porque sin mí ya no puedo vivir.

A ti, que también me lees, aunque parezca que no te conozco: lo creas o no, ya lo sé todo de ti. Por lo menos, todo lo que necesito saber para estar segura de que es contigo con quien soy feliz. Incluso ahora, sí. A pesar de todas mis mierdas. Parecerá igual de increíble, pero he sido muy feliz en circunstancias infinitamente más adversas. Es difícil de describir.

No voy a esperarte. No hay nada que esperar cuando ha llegado ya. Simplemente, voy a seguir caminando sabiendo que en algún momento me alcanzarás. Y el camino recorrido lo compartiré contigo. Y el que quede por recorrer, lo emprenderemos sin mirar atrás. Porque ya no habrá sótanos, ni cajas, ni puertas atrancadas ni hostias. Porque nos habremos elegido. A nosotros mismos. Y habremos dejado de resistirnos a lo que en el fondo sabemos que merecemos, que es la verdadera felicidad: la de la coherencia interna y la autenticidad.

El amor propio nos hará libres. Entender que ya está en nosotros es el primer paso hacia la libertad. Un día te abrazarás tan fuerte que ya nunca podrás caerte. Hasta entonces, déjate abrazar y sigue caminando siempre. Hasta recordar.

#esgritos

Caminar al revés

Hoy hace un año que cogí ese tren. Ese al que te subes una sola vez en la vida: el tren de Irte para No Volver.

Salí de Mataró, que es donde estoy hoy. Y efectivamente, no he vuelto. He venido. Por el camino, me he enterrado, me he matado y lo que parecía imposible: me he parido. Para conseguirlo, NADA me ha ayudado más que caminar «al revés»… conmigo.

En el #caminoinverso, de Santiago a Fisterra, Muxía y Mataró, me crucé con muchos más peregrinos que en mi primer camino. Y las lecciones que aprendí de ellos no fueron menos. Entre otras, sus reacciones al encontrarse a una peregrina «volviendo»:

«¡¡Santiago es por allí!!».

«¿Te has perdido?».

«¿Voy bien yo?».

«¿Te encuentras bien?».

«¿Te has dejado algo? Porque en la ermita de… hemos encontrado…».

«¿¡¡Vas de vuelta!!? ¡¡Bravo!!».

«¿Te lo has repensado?».

Y una, la más frecuente:

«¿¿Vas hacia atrás??».

Mi respuesta, invariablemente, un risueño «¡Buen Camino!». Y ante esta última, siempre: «Voy hacia delante igualmente, solo que en otro sentido».

Recuerdo, como si fuera ayer, la impresión que yo misma me llevé al encontrarme, a las pocas etapas de mi primer camino, a un peregrino de cara. Era francés y «volvía andando a casa». Aquella fue sin duda una de las primeras hendiduras que la aventura de mi vida me iba a regalar, de las que te invitan a replantearte entera sin que haya vuelta atrás. Todas las posteriores son imposibles de enumerar.

Un año después, y #caminoadverso mediante, soy yo la que me pregunto: «¿Cómo lo he conseguido?». No el haber caminado, sino el no haberme rendido. La respuesta aún no la tengo muy clara, pero ahí es mi mente la que habla. En mi corazón y en mi alma, TODO tiene sentido.

Vosotros también se lo dais, porque me acompañáis, y por eso quiero compartirlo. En breve, en mi página web, en @miriamlopez.es y en el @clickamino. Los 🦄 unicornios 🦄… solo son el principio 😉.

GRACIAS a todos por seguir caminando conmigo ❤.

#esgritos

Amor incondicional

(Al palo de mi vida)

Cuando no hay grito lo suficientemente fuerte para expresar tanto dolor, a menudo el alma calla. Pero el cuerpo sigue hablando. Y si lo reprimes demasiado…, estalla.

El amor no es doloroso. Lo que duele es aprender a amar después de haberlo desaprendido. Después de que se nos olvidara que seguimos siendo niños.

Amarte incondicionalmente es la más dura de las batallas: la de aprender a rendirte para ganar. Es arrancarte la venda; dejar de sentarte en el clavo. Es saber que apostar por ti duele, pero que seguir como estás duele más. Es sentir que una vez que te has visto… no hay vuelta atrás.

Amarte incondicionalmente es, primero, permitirte: sentir, expresar, experimentar. El miedo, el dolor, la incertidumbre. El abismo. El vacío total. Es, a la vez, impulsarte a hacerlo sabiendo que es imprescindible para sanar.

Amarte incondicionalmente es, después, intuirte, reconocerte, redescubrirte. Compadecerte. Aceptarte y perdonarte por aquello de lo que por fin entiendes que en realidad nunca fuiste culpable. Asumir solo tu parte de responsabilidad.

Amarte incondicionalmente es… redundante. Pocos verbos son tan grandes por sí mismos. En la categoría de nombres, comparte podio con la libertad.

Es mirarte al espejo con treinta y dos años y verte por primera vez. Con más cicatrices y hasta algún nuevo agujero, hecha un trapo y en los huesos. Y aun así sonreírte y decirte que lo estás haciendo genial.

Es escuchar por fin a tu cuerpo y darle lo que pide: ¡alimento! En forma de comida, de cariño o de movimiento. Es conectar con una fuerza que ni sabías que tenías. Es resucitar. Es sentirte cada vez más vivo en la adversidad.

Es respetar que hay quien no quieres que esté y que hay quien no quiere estar. Amarte y amar incondicionalmente es soltar.

Amarte incondicionalmente es agradecer que el mismo palo que te ha tumbado sea el que te ayude a levantarte. Es transformarlo para crecer. Es apoyarte en él para caminar.

Amarte incondicionalmente no es posible: es inevitable. Te viene de fábrica. Si algo tienes que hacer… es volver a ser.

Amarte y ya. Como si no hubiera un mañana.

Amar.

#esgritos