Bitácora

Depende (I)

Nada cambia más que uno mismo cuando se mira desde la perspectiva adecuada.

Es una sensación extraña: la de que otro se va por la misma puerta a la que tú asomaste sin cruzarla.

Nunca te seguí muy de cerca, pero, como muchos, te llevo dentro porque contigo vibré. Y porque, como para otros muchos, supongo, tus letras van cobrando para mí sentido conforme más vivo.

Dicen que nunca viviste el cáncer como una lucha, que convivías con él. Porque tenías cosas mejores que hacer que librar una guerra. Yo no lo hubiese descrito mejor, y mientras siga pisando esta tierra mantendré vivo el mensaje, porque es liberador.

Ojalá supiera transmitir con palabras todo lo que aprendo del cáncer, que no dejo de ser yo. Que no hay más lucha que la de aprender a rendirse, o la de desaprender a vivirse.

Cómo no acordarme de Freddie, que en su Innuendo de despedida tan bien lo resumió.

Cómo compartir la revelación que uno siente cuando de repente entiende que esto no va de ganar o perder, sino de ser. Y que quien teme a la muerte teme a la vida, cuando es lo mejor que nos pasará siempre.

No es resignación. Ni estoicismo, ni valor. No sé qué nombre ponerle; lo llamaré perspectiva. La que adoptas cuando decides ponerte patas arriba para volver a poner donde toca a tu corazón.

#gracias❤ #esgritos

Mi balcón

Este es mi balcón. Desde hace unas semanas, salgo todas las tardes y todas las mañanas a dar un paseo y a saludar y despedir al Sol. Mientras él recorre el cielo, yo le doy al cerebro, y cuando por fin asomo a mi balcón a verlo aprovecho para respirar y dejarme mecer, a lo lejos, por las olas del mar.

Mi balcón no está en casa: es mi casa. Donde me recuerdo. Y cada vez tengo más claro que, vaya donde vaya, lo llevaré puesto.

Las ganas, llenas. El corazón, ligero.

Ya somos más. Ya sobra menos.

#esgritos

Cinco motivos por los que harás (por fin) el Camino de Santiago

En Gronze somos optimistas y queremos creer, con todas las precauciones habidas y por haber, que los peregrinos acabaremos el 2020 andando. Los «reincidentes» no necesitamos motivos; lo difícil, en cuanto «nos dejen», será impedírnoslo. Hoy escribimos para los que o bien llevan años posponiendo el Camino, o bien se quedaron con la historia por algo. Confiamos en los lectores para que recomienden este artículo a quienes crean que pueden apreciarlo.

Querido/a peregrino/a: ¡bienvenido/a al Camino! Si lees estas líneas, el tuyo, probablemente, ya ha empezado… Ya sea porque alguien ha pensado en ti o porque los inescrutables designios de un algoritmo te han traído hasta aquí, nos gustaría hacerte un regalo. Si necesitabas una señal para echar a andar de una vez, ojalá sea esta. El Camino te está esperando.

👉🏼 El artículo completo, en Gronze.com (aquí).

Echar de menos

Creo que estoy aprendiendo a diferenciar entre echar de menos y tener ganas. Y que hay pocas cosas que te acerquen más a la libertad.

Quizá porque, hace tiempo, lo mismo que me impulsó a volver a sentir para sobrevivir me requiere ahora que deje de hacerlo. Con el mismo propósito. Por otro tiempo.

O quizá porque realmente nada importa mucho ya. Porque nunca nada importó tanto más allá de las fronteras de nuestro propio mapa mental.

También estoy aprendiendo, o lo intento, a ver como un regalo lo que aún siento como un precio. Y me pregunto dónde está la delgada línea entre elegir y no elegir cuando decides ciertas cosas para poder seguir viviendo.

Porque en esos momentos, si de verdad te escuchas, no eliges tú. Ni, en definitiva, sientes que estés pagando un precio. Te tomas como un regalo todo lo que el Camino te sigue ofreciendo, que deja de ser bueno o malo. Lo ves con otros ojos porque por fin estás despierto.

A veces me pregunto qué es echar de menos. Y cuanto más me lo pregunto, menos echo en falta y más ganas tengo. Me pregunto también si uno puede echar de menos lo que no pasó ni pasará nunca. O si lo hace solo quien sigue viviendo en sueños.

Lo único que saco en claro es la sensación. De que algo te falta, de que su esencia te llama, de que sois dos olas de la misma agua. Y entonces entiendo que solo te echo de menos a ti, cuando estamos lejos.

#esgritos

Urge un cambio de conciencia: peregrinos en esencia

Los peregrinos estamos de suerte. Inmunes al virus no somos, pero jugamos con mucha ventaja: la de haber recorrido el Camino eligiendo las circunstancias.

En plena crisis mundial sanitaria, el Camino de Santiago nunca estuvo tan desierto y masificado a la vez. Porque una cosa es el sendero y otra, el camino interno. Y hoy son muchos los que, más o menos confinados y sin haberse preparado, lo han tenido que emprender. Los peregrinos estamos de suerte porque, después de haber recorrido el nuestro, entendemos que lo que está pasando, de algún modo, es para bien.

👉🏼 El artículo completo, en Gronze.com (aquí).

El otro barrio

El otro barrio. ¿Sabéis dónde es?

Hace un año casi me mudo. Pocas semanas después de que me diagnosticaran cáncer, soplé las velas más raras del mundo: ¿y si eran las últimas?, me pregunté.

Qué duro.

Hay cosas en la vida que uno, para no derrumbarse, elige no sentir. O lo elige, o no puede, porque en ese momento hay demasiado en juego. Como en un tiro libre o un penalti… eterno.

Decía que casi me mudo. Supongo que, conociéndome, me dije: ya puestos…, pues celebro los treinta y dos a lo grande. Por si este cumple es el último.

Así que me fui de fiesta. No escatimé en gastos: ambulancia con sirena, más pruebas para mí sola, operación de urgencia. Que no se diga que me he ido sin ver un quirófano, por favor. Calmantes en vena, gran surtido de antibióticos, morfina y algo más gordo. Al final pagué cara la juerga.

Nunca he tenido resaca, lo juro. Pero no puede ser peor que eso. Aunque por suerte no recuerdo mucho. Lo justo: shock séptico.

Hoy vuelvo a ver ese suelo, del que me alcé otra vez no sé cómo, y solo puedo sentir un profundo y estremecedor agradecimiento. Soy incapaz de contar todas las manos que me sostuvieron en aquellos momentos, desde la ambulancia hasta que me dieron el alta, pero sé que fueron muchas (y las que me quedan y me quedaban). Todavía las siento porque aún me acompañan.

Hoy recuerdo como puedo esa uci en la que pasé tres días o cuatro y pienso en la suerte que tuve y que tengo. No quiero ni imaginar cómo estará ahora aquello.

Hoy, en pleno confinamiento, me digo que la libertad está dentro, y cada célula de mi cuerpo agradece los veintidós días que pasé allí metida, sin que me diera el aire. Esa línea, la del suelo, era la frontera con «la otra dimensión», la del ala opuesta a la de mi encierro. El día que bajé andando hasta el sótano (¡¡en pantalón!!) fue mi mayor éxito.

Hace un año visité el otro barrio, pero me queda muy lejos (espero). GRACIAS, Hospital Clínic y Hospital de Mataró, por traerme de vuelta a casa. Y a todo el personal sanitario. Quién quiere héroes teniendo HUMANOS. #GRACIAS❤

#esgritos

Cáncer

Hoy hace un año que me diagnosticaron cáncer. La historia da para mucho; no lo dudéis: la compartiré.

No soy de dar consejos, pero en esta ocasión lo haré. Si puedo ofrecer algunos después de casi no contarlo, me quedo con tres:

1. Gestiona adecuadamente tus emociones siempre. Y si no sabes, aprende.
2. Sé coherente con tus valores y con lo que eres.
3. Haz lo que haga falta para recordar (si lo has olvidado) lo que de verdad te mueve.

En un concepto y dos palabras, educación emocional. LA EDUCACIÓN PARA LA VIDA ES FUNDAMENTAL.

Si puedo dar una receta (la mía) para salir adelante, probablemente esta sea la base. Con un añadido importante: date cuenta de que nada, absolutamente nada, es tan grave. Ni siquiera morirse. La vida seguirá aunque no estés; procura ser mientras estás, porque esa será la huella que dejarás. Al final serás aquello por lo que te recordarán.

Toda enfermedad es una lección de humildad tremenda; estamos aquí al servicio de la vida, y si algo tenemos que hacer es dejar que se exprese nuestra esencia. Volver a escucharla y sentirla me ha salvado la vida; ¿cómo no voy a compartirla?

Toda vuestra; toda mía.

Míriam

#esgritos

GRITAR

Por la impotencia. Por el dolor. Por la tristeza.

Por todas las cosas que nunca tuviste que soportar.

Por quien creías que eras y nunca fuiste.

Por todos los nudos por desatar.

Por cada pinchazo sentido. Por cada gemido.

Por todo aquello que diste a fondo perdido. De corazón, directo al olvido.

Por el dolor compartido y no reconocido.

Por el rechazo, el menosprecio y la manipulación.

Por la autoexigencia aprendida. Por la frustración.

Por los ecos que siguen haciendo mella en lo más profundo de tu corazón.

Por la injusticia. Por la locura perdida. Por la sumisión.

Por cada una de las renuncias que nunca elegiste.

Por las personas que no mereciste.

La solución a lo indescriptible es GRITAR.

POR LO QUE ENTONCES CREÍSTE.

POR LO QUE NUNCA ESCRIBISTE.

POR LO QUE TOCABA Y NUNCA EXIGISTE.

Y VOMITAR.

Devolver todo aquello que nunca debiste aceptar.

Reconocer que no es tuyo. Que no te corresponde. Quitártelo de encima. Morir un poco más.

Renunciar. A todo lo que te pudo matar. Decirte ya basta. Lanzarlo al vacío. Y saltar detrás. Sin olvidar cuánto te ayuda GRITAR.

GRITAR POR TODAS LAS VECES QUE TE OBLIGASTE A CALLAR.

POR LO QUE ESCRIBES Y NO PUBLICAS.

POR SER COHERENTE CON LO QUE REIVINDICAS.

¡JODER! POR
NE
CE
SI
DAD.

GRITAR POR LOS HUEVOS DE SUBIR ESTA FOTO. PORQUE NO TE MERECES UN CORAZÓN ROTO.

VACIARTE. EXTINGUIRTE. RECOMPONERTE. Y RESPIRAR.

Gritar tantas veces como haga falta solo por atreverte. Por saberte libre. Y por reconocerte.

Cuando no sepas decirlo, GRÍTALO. Pero no te lo quedes.

#esgritos

Elijo el camino

Si tengo que quedarme con algo…,

… me quedo con que respiro.

Con las ilusiones. Con los retos, siempre superados. Con todos y cada uno de los pasos de mi camino.

Me quedo con los amaneceres, con las idas y vueltas paralelas al tren. Con los faros, las estrellas y las noches en vela. Con esas ganas tranquilas de volverme a ver.

Me quedo con las playas salvajes, con las tardes de oleaje y los silencios que hablan. Me quedo en los puertos, con las gaviotas, en la orilla. En el océano y en el mar.

Me quedo con todas las veces en que sentí que fallé. Porque por todas ellas aún fue más bonito perdonarme después.

Me quedo con el amor infinito, la incondicionalidad y el sacrificio. Con la lealtad de quien no tenía por qué quedarse y lo hizo. Porque ya se había ido y volvió. Por su calor, su mirada y su nobleza de corazón.

Me quedo con quien no quise que estuviera y estuvo. Con haber aprendido a dejarme querer. Con un amor que desde ese lado nunca experimentaré.

Me quedo con el refugio que se me brindó cuando la tierra se abrió bajo mis pies. Con el cuidado de quien mejor me conoce y me lo da todo sin dejar de ser él.

Me quedo con todas las llamas que me alumbraron, con las manos que me tendieron y con las fuerzas que me sostuvieron. Me quedo con todo lo que me hizo daño porque solo entonces sané.

Me quedo conmigo, por ser lo más fuerte e increíble que he conocido.

Y me quedo contigo. Por haber aparecido y haberme invitado a volver a creer. Por acogerme y comprenderme como yo aún no sé hacer.

Si tengo que quedarme con algo, elijo el camino. Y elijo seguir caminando conmigo, siempre, hasta el atardecer.

#esgritos

Por ti

Por ti.

Porque nadie entenderá quién eres ni lo que significas para mí.

Que uno puede hacer el camino más largo y difícil sin cambiar de lugar.

Que mirar a la muerte a los ojos y renunciar a tenerte es lo más duro que he vivido jamás.

Porque llegaste sin avisar cuando más me hacías falta… y aquí estás.

Aquí estamos. Otra vez. Como si el tiempo se hubiese congelado y no hubiese un ayer.

Como si el mañana quedara demasiado lejos como para poderlo ver.

Como si nada hubiese pasado, y a la vez…

Por todos los gritos ahogados, las lágrimas encharcadas y los abrazos que nunca te daré…

Por todas las lecciones de vida que nos quedan por aprender…

Por todos y cada uno de los caminos que quedan por recorrer…

Y a la vez…

Por todas las veces en que dudaron de ti y de lo que podías ser.

Por todos los reproches, todos los insultos y las envidias que despertaste siempre sin querer…

Por todos aquellos que nunca creyeron en lo que ES.

Hoy sigues caminando, me llevas de la mano y ya no tengo miedo porque sé…

… que tú fuiste el principio y serás siempre el fin.

… que no hay nada que deba hacer.

… que mientras esté contigo no hay dudas ni miedos porque tú siempre sabes el qué.

… que todo lo que me llegue de tu mano estará siempre bien.

Porque tú me enseñaste

a confiar
a creer
a amar
a saberme lo suficientemente fuerte para volver a andar
a abrirme a la vida como nunca jamás

Porque contigo VIVO.

Porque yo DECIDO.

Porque aquí SIGO.

Y porque sigo CONTIGO.

Porque llevo dos copas de vino. Si no, jamás me atrevería a publicar esto aquí.

Camina contigo siempre. Que yo caminaré por ti.

#esgritos