Bitácora

Muerte y vida

Cuando le conté que tenía cáncer «pero no me iba a morir», un amigo me preguntó: «Y si te dijeran que es terminal, ¿qué querrías hacer con tu vida?». (Las conversaciones más interesantes están hechas de preguntas que aún no pueden ser respondidas). En ese momento, hace más de año y medio, no supe qué responder. Pero desde luego sentía que había cosas que querría hacer.

Desde entonces no solo he entendido, sino que he hecho mías, muchísimas otras: que si no hay fuego, no corro; que en mi vida no hay más estrés; que ciertas cosas ya no tienen cabida y que lo primero soy yo, y el que mejor lo sabe es mi cuerpo. Pero sobre todo he aprendido que necesito hacer lo que siento. No pienso volver a romperme por dentro.

Cuando hago lo que siento, dejo de tener miedo a no estar viviendo la vida que quiero. Porque la vida que quiero es ahora, no la que será «cuando tal» o la que ya fue. Y eso me hace sentir libre y en paz: me vaya cuando me vaya (¿adónde «iremos»?), habré vivido según he sentido. Que será lo mejor que haya podido ser. Nada habré perdido.

Había olvidado, también, que la muerte es vida. Todo es un ciclo. No hay disyuntiva. No es cuestión de vida o muerte: vida y muerte van unidas.

Acercarme a la muerte me hace estar más presente. Es una excelente unidad de medida: ¿cómo me siento respecto a mi vida? ¿Estoy siendo coherente?

Acercarme a la muerte es un regalo de vida: me hace consciente. Y hoy sé que he cerrado muchísimas heridas. Contra todo pronóstico, estoy más entera que nunca. Soy feliz, sin adverbios. Me tengo a mí misma.

#lastround💪 #esgritos

Amigos peregrinos

El Camino nunca te regala nada que no seas tú mismo.


Hace dos años cruzaba los Monegros en mi Camino Inverso. Como un jersey viejo, mucho de mí se deshilachaba a cada paso desde hacía ya tiempo. Y mientras me deshacía, curiosamente, con el mismo hilo me tejía de nuevo.

Dejaba muchas cosas atrás. En mi playa del fin del mundo las anoté y se las entregué al mar. Y allí me dejé, a merced de las olas. Necesitaba despedirme de tantas cosas que debía enterrarlas antes de echar a andar.

Del Camino nunca se vuelve igual: se viene siendo como mínimo un poco más. De lo contrario, no lo has recorrido. Lo de menos es la credencial: los verdaderos sellos son los peregrinos.

¿Qué tiene el Camino que nos hace temblar? ¿Qué es eso que une a dos peregrinos y no se puede explicar? No sé si hay respuesta. Pero diría que el Camino es el lugar donde las almas se encuentran: a sí mismas y a las que esperan.

No es el Camino de Santiago, ni el de Roma, ni ningún sendero de tierra. Tampoco lo alberga ninguna iglesia. Lo llevamos dentro, deseando salir. Y cuando nos rendimos y lo permitimos, nos damos cuenta de lo que es vivir.

El Camino me ha brindado motivos para levantarme, para salir adelante y para ser feliz. Aunque diría que no me ha dado nada que no estuviera ya en mí. Solo me lo recordó cuando yo olvidaba. Recordarse es tan necesario que no hacerlo mata.

Mis amigos peregrinos me recuerdan de corazón el sentido de cada huella: la que ellos dejan en mí y la que yo dejo en ellos. Es la única manera bonita que conozco de pisar a otro. Sois unos cuantos, y sois un REGALO todos.

Ultreya.

#gracias💛 #esgritos

7 pecados de peregrino novato (que no impiden ir a Santiago)

La aventura de «lanzarse» al Camino empieza mucho antes de dar el primer paso. Cuando oímos hablar de él, nos decidimos y nos preparamos, también lo estamos haciendo; ya lo hemos comenzado. A posteriori aprendemos que esa «etapa» inicial es, quizá, la más difícil, porque nos enfrentamos a los mayores obstáculos: los de nuestros esquemas mentales. Si no los vencemos, no solo no andamos: tampoco somos libres. Estamos condicionados.

Acuciados por el miedo inherente a la incertidumbre, nos aferramos: a las ideas preconcebidas de lo que debe hacer un peregrino y de cómo tiene que recorrerse el Camino. Y nos olvidamos: de nosotros mismos, del yo instintivo, del motivo inconsciente que nos impulsa a irnos. «Vete, vete, vete…»: sabes que quieres irte, lo necesitas y algo te lo dice, pero tu mente es más lista (la retahíla de «Es que…» puede ser infinita) y a veces gana la partida. La buena noticia es que lista no es sinónimo de inteligente. Decidir es más fácil cuando uno es consciente.

👉🏼 El artículo completo, en Gronze.com (aquí).

No sé si me lo merezco

A menudo me dicen, porque he pasado por un cáncer, que me merezco estar bien. Que me lo he ganado. Que tengo que disfrutar de la vida y de las decisiones que he tomado. Y no me gusta oírlo porque siento que tiene trampa: ¿y tú qué?

¿De verdad creemos que tenemos que sufrir para merecer algo bueno? ¿Hay que esperar a «ganarse» la paz con uno mismo para decidir «vivir bien»? Rotundamente no. ¡Es al revés…!

Entiendo que me lo digan con todo el cariño, pero yo lo devuelvo con más amor todavía. Repito: ¿y tú qué?

¿No te mereces sentirte mejor sin ningún motivo, por el mero hecho de sentirte bien? ¿Crees que alguien o algo va a saber mejor que tú lo que necesitas y cuándo? ¿Cuál es tu criterio para «merecerlo»? ¿Te concederás algún día el honor de alcanzarlo?

Como buena aprendiz de humana, he lamentado MIL veces no haberme dicho esto antes. Paradójicamente, no hace mucho entendí que para liberarme (en parte) del sufrimiento debía pasar por él. Eckart Tolle, de nuevo, lo resume como un maestro: «El sufrimiento es necesario hasta que entiendes que no lo es».

No sé si merezco algo, ni bueno ni malo: ¿quién se supone que puede juzgarlo? Lo que quiero es estar como yo he decidido. Qué duda cabe de que voy a lograrlo. Y si yo puedo, cualquiera puede.

#esgritos

No es un lujo:

Respirar aire limpio.
Vivir junto al mar.
Tumbarte al sol en la playa después de comer con las olas. Como algo habitual.
Elegir cuándo y cómo trabajas.
Rodearte de calma.
Escuchar el silencio.
Dedicarte tiempo.
Hacer lo que te gusta.
Cumplir tus sueños.
Entender que vivir «con menos» es vivir MÁS.
Tomar decisiones que te beneficien. Que te hagan sentir bien. Llevarlas a cabo.
Vivir en paz.

Nada de esto es un lujo. Es una necesidad. Sea cual sea tu paz, ya huela a mar o a montaña, a pueblo o a ciudad, a soledad o a compañía: elígela.

#liverdad #esgritos

Siempre

Una de las cosas más fascinantes de tomar decisiones «insólitas» son las ondas expansivas de la colisión. Con los esquemas mentales propios, primero, pero especialmente con los de las personas a tu alrededor.

Que me haya mudado «al culo del mundo» (según lo ven algunos; ni de lejos para mí…) despierta dudas existenciales diversas entre quienes me rodean. Y aunque cuesta no tomárselo a la tremenda porque tú también tienes tus dudas, por supuesto, algo en ti lo tiene tan claro que solo lo puedes saborear. Así que observo, escucho y me río (mucho) de las preguntas que suelen hacerme, que coinciden, generalmente. No es una risa burlona: es de una ternura bestial.

✔ Sí, sé adónde me voy.

❌ No, no es por trabajo.

✔ Sí, es por amor. A mí misma.

❌ No, no me da miedo irme sola.

❌ No, no me voy a aburrir.

🤔 Puede pasarme cualquier cosa esté aquí o en Barcelona. No por ello voy a dejar de vivir. 😉

🦄 No, diría que la tramontana no puede volverme más loca.

🙃 No sé si echaré en falta cosas; me puede todo lo que tengo por descubrir.

Solo hay una pregunta, una, que me descoloca. Y no porque no tenga respuesta, sino porque ya no la puedo entender.

«¿Y te vas para siempre?».

Hace tiempo que mi relación con el «siempre» ha cambiado profundamente. Pero el cáncer le ha dado la vuelta de tuerca final.

No lo concibo. Ya no concibo el «siempre». Soy incapaz.

Quizá porque he visto tan de cerca la muerte que todo me parece efímero, y he vivido tantos cambios (no solo por la enfermedad) que pensarme mucho más allá del presente me parece ridículo. Hago planes, tengo proyectos, pero vivo casi al día. Y me dejo llevar, porque hoy estoy aquí y mañana, quién sabe.

Quizá ya no concibo el «siempre» porque me reconcilié con la muerte, y no necesito un lugar al que anclarme para poder escapar. Quizá con el «siempre» buscamos eso: la eternidad. Como dice Eckart Tolle, «siempre es ahora». La eternidad es presente. Si quieres vivir eternamente, vive hoy. Es todo lo que la vida puede ofrecerte.

#esgritos

Veranos

El primero fue un salto al vacío.
El segundo, un descalabro.
El tercero, un acto de fe.
El cuarto ha sido un milagro.

Me faltaban cuatro veranos. Por fin puedo irme a casa. El viaje ha sido muy largo.

📸 Agosto 2017.

#esgritos

Emprender no nos hará libres

Emprender no nos hará libres. Lo que nos hará libres será elegir. No las cosas que pasan, sino cómo queremos vivir.

Uno puede
ser autónomo,
ser empleado,
trabajar mucho,
trabajar poco,
no trabajar,
vivir en el campo o en la ciudad,
casarse o no casarse,
formar familia o ser su familia,
alquilar o hipotecarse,
vivir a débito o a crédito,
ser ambicioso o conformarse.
Y haga lo que haga, puede ser libre si eso es lo que elige. Si no se limita a resignarse. Y si tiene un motivo para levantarse.

Cuando eliges eres libre porque deshaces tus ataduras mentales. Ya no hay peros; hay motivos. Dejas de ser víctima de tus responsabilidades.

Y a elegir bien, ¿cómo se aprende? Siempre escuchándote. ¿Qué te pides?

#liverdad #esgritos

Hemos llegado a Santiago: ¿y ahora qué?

Quién no se lo habrá preguntado al llegar peregrinando a Santiago: «¿Y ahora qué?». Muchos caminos empiezan con una pregunta, pero ¿cuántos acaban con otra? ¿Significa eso que no hemos encontrado lo que buscábamos? ¿Sigue teniendo sentido un periplo que, lejos de apaciguarnos, nos deja ese regusto extraño?

Ante tal incertidumbre —que no es poca—, los peregrinos —primerizos, sobre todo— nos aferramos a menudo a esta respuesta: «El camino de verdad empieza ahora». Como si necesitáramos seguir andando con un sentido claro; como si deseáramos que «en la vida real» todo fuese tan fácil como seguir las flechas con la mochila puesta.

Hoy, en plena «vuelta a la normalidad» tras el estado de alarma, y con el sacrificio que de un modo u otro todos llevamos a las espaldas, parece que al fin vislumbramos las torres de la catedral. Pronto alcanzaremos Santiago… y algunos nos lo volveremos a preguntar. Por cambiar, a la socorrida respuesta, démosle esta vez la vuelta: «El camino de verdad ha empezado ya».

👉🏼 El artículo completo, en Gronze.com (aquí).