Decisiones

He decidido jubilarme a los treinta y cinco.

No, no os estoy vacilando.
Sí, sigo trabajando.
Simplemente, entre muchas comillas, he constatado una realidad: toda yo quiero descansar. Estoy agotada. De ir contra mi alma. Y no voy a luchar más.

Hace como seis años que, sin saberlo, me prejubilé. Ha llovido mucho desde entonces. Y yo no he hecho más que envejecer. Cuanto menos, de todo, mejor. Menos ruido. Menos gente. Menos decisiones. Menos contaminación. Prisa, ninguna. Metas, las justas. Presión, bajo cero. Trabajo, por convicción (estoy dejando la prostitución). Y sobretodosobretodosobretodo, empezar a decir no.

Tengo grabado a fuego el día en que, con tres o cuatro añitos (sí, lo recuerdo), la maestra me castigó porque tocaba pintar unos peces y yo no quería. No sé, no me apetecía. Le dije que no quería y me castigó. Porque tocaba pintar putos peces y eso era lo que había ese día. Lloré mucho por aquella injusticia, y después me empecé a vender. Sí a todo. Barra libre de Míriam. Devora toda mi energía. Haré todo lo que me pidas aunque vaya contra mí misma. Me arrastraré. Porque decir lo que siento, según me enseñaron, no está bien.

Omitiré las atrocidades que ha llegado a tolerar mi psique como consecuencia de algo tan «tonto», que por supuesto no lo explica todo pero es un claro ejemplo de cómo NO educar. Me he pasado (con suerte) media vida siendo obediente porque había que pintar algo, en una sociedad en la que no pinto nada porque no creo en las reglas del juego. Así que el juego se ha acabado: ahora quiero vivir. Y en paz.

A lo que voy: me jubilo. Me rindo a la evidencia del que ahora es mi ritmo natural. Duermo. Escribo. Me muevo un poco. Camino. Hago fotos. Leo. Como. Contribuyo a algo en lo que creo. Apago. Recojo. Medito. Y me retiro. Por el camino, voy dejando infinitivos por si me vuelvo a desviar. Despropósitos con todo el sentido: el de mi verdad.

Un amigo, jubilado al uso, me describió no hace mucho su tranquilidad: «He renunciado a mí toda la vida. Ahora puedo dedicarme a vivirla». Yo quiero vivir hoy, que es el único tiempo real. Y tengo suerte, y también cojones: me pregunto cuántos habrían tomado mis decisiones.

#esgritos