Hemos llegado a Santiago: ¿y ahora qué?

Quién no se lo habrá preguntado al llegar peregrinando a Santiago: «¿Y ahora qué?». Muchos caminos empiezan con una pregunta, pero ¿cuántos acaban con otra? ¿Significa eso que no hemos encontrado lo que buscábamos? ¿Sigue teniendo sentido un periplo que, lejos de apaciguarnos, nos deja ese regusto extraño?

Ante tal incertidumbre —que no es poca—, los peregrinos —primerizos, sobre todo— nos aferramos a menudo a esta respuesta: «El camino de verdad empieza ahora». Como si necesitáramos seguir andando con un sentido claro; como si deseáramos que «en la vida real» todo fuese tan fácil como seguir las flechas con la mochila puesta.

Hoy, en plena «vuelta a la normalidad» tras el estado de alarma, y con el sacrificio que de un modo u otro todos llevamos a las espaldas, parece que al fin vislumbramos las torres de la catedral. Pronto alcanzaremos Santiago… y algunos nos lo volveremos a preguntar. Por cambiar, a la socorrida respuesta, démosle esta vez la vuelta: «El camino de verdad ha empezado ya».

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