Personas y punto

Una de las anécdotas que mejor recuerdo de la facultad la protagonizó un brillante profesor de inglés (¿o inglesa?). Nativo británico con gran dominio del español (¿o española?), en una clase nos confesó su dificultad para comprender, al principio, que en castellano una «mesa» fuese «femenina» y un «coche» fuese «masculino». Porque en inglés (para quienes no conozcan esta lengua [¿o lenguo?]) los objetos (¿u objetas?) no es que no tengan género, es que tienen uno propio, el neutro (y su correspondiente sujeto: «it»). Porque en inglés, efectivamente, el GÉNERO masculino se atribuye a los individuos de SEXO masculino y el GÉNERO femenino se atribuye a las individuas de SEXO femenino. De ahí que mi buen profesor no entendiera, literalmente: «¡¿Dónde tiene el COÑO una mesa?!».

En español, el GÉNERO GRAMATICAL coincide generalmente con el SEXO de los seres animados cuando lo tienen. Y a los seres inanimados y algunos seres vivos se les atribuye un GÉNERO GRAMATICAL que es eso: un GÉNERO (que no un SEXO), porque el español necesita (a diferencia del inglés, por ejemplo) que toda cosa designada y lo que la acompaña CONCUERDEN, y el género neutro se limita a los artículos. Esto es GRAMÁTICA (los principios de funcionamiento de una lengua que permiten construir mensajes con los que entendernos, o intentarlo al menos), no IDEOLOGÍA (el conjunto de creencias por las que nos regimos para hacer de la realidad un mundo coherente, según nuestros valores y experiencias, sentir que es un lugar seguro y no enloquecer por el camino).

Cada LENGUA tiene su propia GRAMÁTICA, que es muy sólida (debe serlo) pero no inflexible (como debe ser). Bien al contrario, la GRAMÁTICA es un conjunto de mecanismos lingüísticos extraordinariamente versátiles precisamente porque deben servir para adaptar el LENGUAJE a un mundo cambiante; de lo contrario, dejaría de ser útil para comunicarnos con y sobre él. Y no tendría sentido.

Dicho lo cual, lo que carece de sentido es seguir confundiendo GÉNERO y SEXO como VELOCIDAD y TOCINO. Porque, si bien la intención es loable, a la «IGUALDAD» no se llega SEPARANDO, sino INTEGRANDO que somos DISTINTOS. Siendo PERSONAS y PUNTO. JODER.

📸 «El xuixo y la xuixa», por Quim Monzó