Ser valiente

Dicen que ser valiente no es no tener miedo, sino tenerlo y hacerlo igualmente.

Ser valiente es abrir los ojos y mirar de frente. Mirarse. Y querer verse.

Ser valiente no es de superhéroes. Ni de personas fuertes.

Ser valiente es asumir tu poder y decidir. Es ser responsable. Es dejar de esperar que las cosas pasen.

Es entender tantas otras como lo que son: rituales de iniciación. Los Reyes Magos, la religión. El Camino de Santiago. El amor.

Es comprender que los valores que hoy nos mueven han desvirtuado esos rituales sagrados. Nos hemos perdido en la forma; peligra el significado.

Depositamos la fe en algo externo, en una experiencia, en un contexto… que en realidad señala hacia dentro. Hacia todos nuestros estados internos, especialmente los que nos gustan menos.

Aprendemos que merecemos o no merecemos, que si no nos perdonan vamos al infierno, que para ser feliz hay que esforzarse y sufrir. Hasta que duele tanto que ves que no puede ser por ahí.

Ser valiente es desaprender todo lo que esperabas de ti. Es dejar de esperar de la vida, del trabajo, de los amigos, del ser amado. Es darte cuenta de que nada te será dado porque ya lo tienes aquí.

Ser valiente da miedo porque no estamos acostumbrados. Porque aún no hemos entendido que somos todo lo que necesitamos.

El Camino, los Reyes Magos… son primeros pasos. Te recuerdan algo: existe una cosa llamada magia que da resultado.

Ser valiente es no quedarse ahí. Es comprender que confiar en la vida, en la magia, es confiar en ti. En que eres capaz de procurarte lo que haga falta para satisfacer tus necesidades. Y en que aprenderás lo que necesitas si todavía no sabes.

El mejor regalo que te harás jamás se llama amor propio y está en tus manos. Ser valiente es querer cultivarlo.

#esgritos

«Los sueños se cumplen y de eso se encargan ̶P̶a̶p̶á̶ ̶N̶o̶e̶l̶ ̶y̶ ̶l̶o̶s̶ ̶R̶e̶y̶e̶s̶ ̶M̶a̶g̶o̶s̶ las personas valientes».