Caminar trazo a trazo: guías ilustradas del Camino de Santiago

Como un vendaval de aire fresco en la era viciada de Instagram, la de la tiranía de la imagen de gatillo fácil y la vacuidad, ríos de acuarela y tinta se han abierto paso en las librerías, invitándonos a reconfortar la mirada extenuada de tanta postal retocada —por toda originalidad— con filtros estándar hasta la saciedad. Nos remojamos, aquí, en uno de los afluentes: el de guías y viajes ilustrados del Camino de Santiago publicados recientemente.

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El Camino de Santiago: apuntes básicos en dos libros prácticos

Pocas sensaciones como las que transmite un peregrino al compartir, a su vuelta, sus vivencias en el Camino. Innumerables las ocasiones en que los oyentes, fascinados, ya han pensado ―más o menos en serio― en «hacerlo algún día», y en las que ese día aún no ha llegado.

Una servidora ha perdido la cuenta de las veces en que conocidos, familiares y amigos le han confesado sus miedos y dudas, alias excusas, para dar el primer paso. Y como una misma los tuvo, comprende perfectamente la necesidad de ir «sobre seguro»: El Camino de Santiago…, ¿de qué va? ¿Dónde está? Pero ¿cuántas rutas hay? ¿Y cuál hago? ¿Dónde empieza? ¿Cuánto tardas? ¿Cuánto cuesta? ¿Qué necesitas? ¿Dónde duermes? ¿Cómo te preparas? ¡¿Y si te pierdes?!

Cierto es que, después, uno se da cuenta de que no era para tanto. Pero en ese momento desconoce demasiado, y requiere un empujoncito con información básica de primera mano. ¿Cuántos caminos no se habrán vivido por no haberlo recibido? Estremece pensarlo, pues la experiencia lo merece. Y a pesar del manido «en internet está todo», los románticos resistimos: no hay nada como un buen libro. O sí: dos. Y de reputada pluma: mejor que mejor.

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«3 caminos»: crítica de una joven peregrina

Los pringados de la generación perdida estamos salvados, pues parece que gracias a la serie 3 caminos vamos a poder encontrarnos. La producción de Ficción Producciones y Beta Films, subvencionada por la Xunta de Galicia y el Xacobeo y con la colaboración de otras administraciones, nos pone en bandeja la santa indulgencia invitándonos a peregrinar en plan cool: arregladísimos y en albergues monísimos. Sin deshacer apenas la mochila y sin sudar la camiseta. Todo estupendísimo.

Ante el descarado objetivo de captar jóvenes peregrinos utilizando el Camino como telón de fondo sin espíritu alguno ni la mínima inspiración, una servidora (joven y peregrina) solo puede plantarse y escribir bien alto: POR AQUÍ NO.

Pero este escrito no es para los productores. Es una advertencia para los potenciales peregrinos (¿o hablamos de consumidores?), especialmente los jóvenes, que vean 3 caminos y se planteen echar a andar. ATENCIÓN, SPOILER: la serie no solo es mala, sino que es un cúmulo de despropósitos. El Camino no se la merece, ni vosotros que os traten de imbéciles.

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Amigos peregrinos

El Camino nunca te regala nada que no seas tú mismo.


Hace dos años cruzaba los Monegros en mi Camino Inverso. Como un jersey viejo, mucho de mí se deshilachaba a cada paso desde hacía ya tiempo. Y mientras me deshacía, curiosamente, con el mismo hilo me tejía de nuevo.

Dejaba muchas cosas atrás. En mi playa del fin del mundo las anoté y se las entregué al mar. Y allí me dejé, a merced de las olas. Necesitaba despedirme de tantas cosas que debía enterrarlas antes de echar a andar.

Del Camino nunca se vuelve igual: se viene siendo como mínimo un poco más. De lo contrario, no lo has recorrido. Lo de menos es la credencial: los verdaderos sellos son los peregrinos.

¿Qué tiene el Camino que nos hace temblar? ¿Qué es eso que une a dos peregrinos y no se puede explicar? No sé si hay respuesta. Pero diría que el Camino es el lugar donde las almas se encuentran: a sí mismas y a las que esperan.

No es el Camino de Santiago, ni el de Roma, ni ningún sendero de tierra. Tampoco lo alberga ninguna iglesia. Lo llevamos dentro, deseando salir. Y cuando nos rendimos y lo permitimos, nos damos cuenta de lo que es vivir.

El Camino me ha brindado motivos para levantarme, para salir adelante y para ser feliz. Aunque diría que no me ha dado nada que no estuviera ya en mí. Solo me lo recordó cuando yo olvidaba. Recordarse es tan necesario que no hacerlo mata.

Mis amigos peregrinos me recuerdan de corazón el sentido de cada huella: la que ellos dejan en mí y la que yo dejo en ellos. Es la única manera bonita que conozco de pisar a otro. Sois unos cuantos, y sois un REGALO todos.

Ultreya.

#gracias💛 #esgritos

7 pecados de peregrino novato (que no impiden ir a Santiago)

La aventura de «lanzarse» al Camino empieza mucho antes de dar el primer paso. Cuando oímos hablar de él, nos decidimos y nos preparamos, también lo estamos haciendo; ya lo hemos comenzado. A posteriori aprendemos que esa «etapa» inicial es, quizá, la más difícil, porque nos enfrentamos a los mayores obstáculos: los de nuestros esquemas mentales. Si no los vencemos, no solo no andamos: tampoco somos libres. Estamos condicionados.

Acuciados por el miedo inherente a la incertidumbre, nos aferramos: a las ideas preconcebidas de lo que debe hacer un peregrino y de cómo tiene que recorrerse el Camino. Y nos olvidamos: de nosotros mismos, del yo instintivo, del motivo inconsciente que nos impulsa a irnos. «Vete, vete, vete…»: sabes que quieres irte, lo necesitas y algo te lo dice, pero tu mente es más lista (la retahíla de «Es que…» puede ser infinita) y a veces gana la partida. La buena noticia es que lista no es sinónimo de inteligente. Decidir es más fácil cuando uno es consciente.

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