Te cuento

Mi historia…

Después de trabajar más de seis años en el mundo de los libros, me di cuenta de que mi vocación no se ceñía a revisar textos: consistía en sacar lo mejor de ellos. Entendí que el trabajo del editor es tan importante como el de la comadrona: los escritos no son suyos, pero su labor es fundamental para que vean la luz en condiciones y comuniquen con calidad.

Sumado a mi curiosidad innata por conocerme mejor y a la necesidad de reorientar mi trayectoria, este descubrimiento me llevó a cuestionarme muchas cosas. Cosas muy serias. Mi vida entera, prácticamente.

Hubo un momento en el que la vida me replanteó en cuerpo y alma y me invitó a tomar decisiones. Para hablar de ello con calma, yo la invité a pasear.

De Valcarlos a Espinal, en las curvas de los treinta. Camino Francés.

Hicimos juntas el Camino de Santiago y llegamos al fin del mundo. Yo anduve perdida a pesar de las flechas, hasta que empecé a asomar de vez en cuando por el camino… y me encontré.

Clickie se ha convertido desde entonces en mi compañera inseparable de viaje. Y en una compi de camino diferente para quienes ven en ella al niño que en el fondo no dejan de ser.

De camino a Santo Domingo de la Calzada, más feliz que una perdiz.

Un año después volví al Camino y lo recorrí con Clickie al revés: el Camino Inverso marcó un segundo hito en mi vuelta a la inocencia, y compartir el clickamino con cada vez más peregrinos fue una experiencia inolvidable que aún no me acabo de creer.

Reconciliarme conmigo no fue una opción: era cuestión de supervivencia. Olvidamos con frecuencia que el cuerpo, muchas veces, es lo último que duele: la enfermedad es a menudo su recurso de emergencia para obligarnos a parar.

La supervivencia emocional también existe, aunque no solemos prestarle atención hasta que grita. La educación emocional facilita la conciencia y los recursos necesarios para prevenir situaciones que nos cuesta mucho superar.

… Y la nuestra

El Camino de Santiago no lo es todo, aunque a menudo supone un antes y un después en tu trayectoria vital.

Mi primera llegada a Santiago, que estaba en obras también.

Antes de jugar a los peregrinos jugué muchos años a ser muchas cosas. Fui alumna, estudiante, becaria, viajera, trabajadora, extranjera, emprendedora, paciente y enferma, y lo que me queda. El orden es aleatorio; a menudo fui disfrazada de varias cosas a la vez.

De Clickie he aprendido que disfrazarse mola un rato, pero que si vas disfrazado todo el tiempo llega un día en el que no te reconoces en el espejo. Después de encontrarme con ella por el camino le prometí ser en adelante lo que me recordó que era. Y a tu niña no le haces una promesa cualquiera.

Caminar conmigo es la decisión más sabia que he tomado hasta ahora. Caminar contigo es el viaje más bonito del mundo: el que recorres a lo largo de la vida siendo lo que eres de verdad.

En Mataró, con el corazón por bordón (y bandera).

En este punto es donde probablemente confluyen mi historia y la nuestra. O sea: la tuya, la mía y la de muchas más personas con ganas de crecer, aprender y acompañar. Si has llegado hasta aquí, puede que te identifiques con lo que cuento. Sea o no el caso, ¡seguro que tienes mucho que aportar!

No importa en qué etapa del camino nos encontremos. La vida es un aprendizaje continuo en el que las emociones y la comunicación son básicas en cada paso hacia el bienestar.

Mi sueño es retornar a la vida, mediante la educación emocional y comunicativa, gran parte de lo que me brinda: conciencia, recursos y autenticidad. Enriquecerlo mediante la experiencia no es un trabajo: es un compromiso. Devolverlo, una responsabilidad. El clickamino es mi medio para hacerlo realidad.